
Atrás quedaron ya aquellos tiempos donde la responsabilidad social corporativa era un tema de atender si se tenía ganas y tiempo. Hoy por el contrario, las empresas la aprovechan para demostrar su compromiso con los diferentes grupos de interés, sabiendo que su participación les mejora la imagen corporativa, generando agrado, aceptación, empleados más felices, más clientes y, por ende, más rentabilidad. Sabedores de tantos beneficios, la RSE ya no es tomada a la ligera, por el contrario, se aborda como parte de la estrategia empresarial, e inclusive sirve para que en los discursos destaquen dizque la preocupación por la sostenibilidad.
¿A qué puede deberse que de pronto hayan decidido las empresas asumir un serio compromiso ante los problemas de toda la vida? ¿Será posible que además de los beneficios de practicar la RSE, adicionalmente se logre una mejor rentabilidad? Si fuera así, no habría más remedio que practicar RSE en adelante y sin dudarlo. Se van a analizar diferentes argumentos y enfoques con la intención de llegar a la verdad de esta proposición.
Todo el mundo está hablando de RSE: en los periódicos y revistas no pueden faltar noticias que hablen de esta o de esta otra empresa haciendo obras en bien de la sociedad o el medio ambiente. Y es que la RSE vende y es un tema importante, quien lo practique va por buen camino. Un hecho más destacable aún es que la sección de finanzas es el apartado preferido de este tipo de emprendimientos, y va de la mano junto a lo más resaltante del día, como los cambios en la bolsa de valores, etc.
No es coincidencia que Porter y Kramer (2002) resaltaran las ventajas competitivas que brinda practicar la RSE, inclusive desde el momento que ingresa a la agenda de los objetivos estratégicos de la empresa, porque le da un aire fresco e innovador de gestión. Si lo vemos desde otras perspectivas, también están los inversores, quienes casi premian las prácticas de responsabilidad social y reconocen el valor agregado, lo cual impacta en la cotización de las empresas que la practican. Este fenómeno de inversores socialmente responsables es llamado Inversión Socialmente Responsable (ISR), también conocida como inversión ética o ecológica. Antes de ahondar en la rentabilidad que genera la RSE, se va a repasar en algunos conceptos que merecen ser bien fijados.
Hay que dejar claro primero que la RSE no es filantropía, donde los grupos de interés ven buenas acciones o favores por parte de la organización, cabe recordar que el fin de las empresas es generar rentabilidad. También se ha dicho que hacer RSE es hacer negocios pero teniendo como base la ética y los principios que correspondan a ley. La verdadera intención debiera consistir en asumir un compromiso serio y responsable, el cual tiene que ser voluntario para que haya beneficiados, tanto en lo económico, en lo social y en lo ambiental, preocupándose al mismo tiempo por el cumplimiento responsable hacia los grupos sociales involucrados. Queda claro entonces que la filantropía que ejercen las empresas muchas veces “con lo que les sobra” queda superada grandemente para convertirse en un compromiso, como ya se dijo antes, de gestión innovadora y preocupada por atender las demandas sociales, orientado tanto hacia los inversores como hacia los grupos de interés.
Para lograr este compromiso, es imprescindible que el principio de transparencia sea el pilar que dirija los esfuerzos, pues es sinónimo de gestión saludable. Lo siguiente es delimitar claramente los partícipes del proceso, cada uno con su respectivo aporte y exigencia. También es importante la forma innovadora de realizar los informes financieros, donde se recoge parcialmente los resúmenes o memorizas de sostenibilidad, las cuales son totalmente superiores a las formas antiguas de informar sobre los temas de responsabilidad social, las cuales carecían de fiabilidad, por ejemplo ante informes de severo impacto ecológico, que a la larga se convertían en riesgos financieros.
Es así que en esta búsqueda de informar eficientemente, Elkington (1997) propuso lo que se llamó “Triple Bottom Line” enfocada a la gestión empresarial, que buscaba la prosperidad económica, la justicia social y la calidad medioambiental, que en resumidas líneas defendía que las empresas no tenían que centrarse sólo en los resultados financieros, sino mas bien debía coordinar de manera equilibrada para lograr la armonía en los tres aspectos arriba mencionados. Fue entonces la TBL la pionera del nuevo modelo de información sobre RSE, enfatizando los resultados en los tres aspectos que se mencionó antes: económico, medioambiental y social.
Esta estructura de informes resultó de atractivo valor para las grandes corporaciones, quienes de a pocos se fueron alineando a este estilo, dejando de lado los informes medioambientales. Este valioso estilo de informes de sostenibilidad está estructurado de modo que pueda atender las demandas de los diferentes grupos de interés y, la vez, permite obtener mayor rentabilidad dado que se enfoca en todos los grupos de interés, no sólo en aquellos aportantes de recursos financieros (Freeman, 1984), que sin embargo, siguen siendo la principal motivación.
Como se dijo en el párrafo anterior, las motivaciones económicas y el enfoque que predominan en estos informes, hacen que sean tremendamente útiles para tomar decisiones en beneficio de los grupos de interés, destacando sobre todo, los stakeholders que requieren este tipo de información, o bien llamados inversores, que sobre todo se comportan de acuerdo a ciertos criterios, destacándose: (a) los inversores concienciados, que son inversionistas que realmente demuestran preocupación por la RSE y están dispuestos a invertir en aquellas empresas que han demostrado una aferrada preocupación por la sostenibilidad. (b) los inversores colectivos, quienes se interesan en invertir sus recursos financieros en inversores individuales. (c) los inversores prudentes, quienes consideran conveniente acercarse a aquellas empresas que poseen indicadores de calidad en gestión y gobierno corporativo. Esta variedad de inversores ha generado un crecimiento del tema RSE en los mercados financieros, tales como los fondos de inversión socialmente responsables (ISR), los índices de responsabilidad empresarial y los proveedores de RSE.
Los fondos de ISR sólo seleccionan a aquellas empresas que cumplen criterios seleccionados específicos, los cuales pueden ser negativos, como es el caso de excluir a empresas tabaqueras y de comercialización de alcohol, o positivos, los cuales son las preferencias que se ejercen por aquellas empresas que reconocen el apoyo al sector social y medioambiental, pudiendo destacarse: (a) Fondos solidarios, cuando la sociedad que administra las inversiones, cede una parte de dichas comisiones a ciertas entidades benéficas. (b) fondos de inversión éticos (ISR), quienes deben cumplir criterios éticos, ecológicos que se han establecido previamente, para seleccionar las inversiones. Se tiene entonces que los fondos ISR se han incrementado de manera importante, experimentando un crecimiento de cerca del 300%. Y sobre el efecto positivo de la RSE, los resultados muestran que existe un pronunciado mejor ánimo con respecto a los fondos ISR y, en conclusión, los números no mienten e indican que los productos financieros en definitiva no son menos rentables a los convencionales ya conocidas.
Otra forma de aceptar la rentabilidad de la RSE es atarla al desempeño financiero de la empresa, donde los indicadores de desempeño financiero son más ambiciosos en aquellas empresas socialmente responsables, dado que existe una mejor gestión y reconocimiento de las actividades de parte de los grupos de interés. Los gobiernos corporativos, junto a los informes de sostenibilidad han logrado que se focalice el desempeño social donde es más provechoso. Los índices obtenidos han demostrado que no existe una real diferencia, aunque sobre todo es positiva, es decir orientada hacia aquellas empresas que contribuyen con la RSE. Podemos deducir entonces que la RSE no afecta de manera negativa a la rentabilidad empresarial.
Finalmente, sintetizar el hecho de que las empresas que representan lo positivo manifiestan la importancia de la RSE, y es que con el tiempo han aumentado las prácticas socialmente responsables y se han expandido a través de los informes de RSE, las cuales garantizan su importancia. Sin embargo, a pesar de todo lo sustentado anteriormente, a pesar de que las empresas reconocen la calidad e importancia de los reportes de sostenibilidad, no existen realmente evidencias contundentes que permitan afirmar que la RSE genera rentabilidad financiera.
De la misma manera, tomando como base los indicadores de desempeño tales como los ratios financieros, tampoco se ha demostrado fehacientemente que las diferencias realmente provengan de aquellas empresas más responsables socialmente. Entonces, no podemos aseverar que la RSE es la forma de generar las mayores rentabilidades, tal vez tenga que ver el hecho de que no haya una clara conciencia sobre el verdadero significado e importancia de la RSE, el cual podría realizarse si hubiese un escenario que permita resaltar las notorias diferencias entre aquellas empresas que son sosteniblemente responsables y las otra que aún no lo son.
Sin embargo, lo que sí generará es (a) mayor productividad, porque se darán las condiciones para que los trabajadores permanezcan en la empresa y se reduzca el índice de rotación, (b) lealtad, al producirse el acercamiento al cliente se puede transmitir las preocupaciones y necesidades del entorno, (c) credibilidad, una empresa que se preocupa por las comunidades refleja una reputación que le avala y garantiza crecimiento en el futuro, minimizando las probabilidades de riesgo, previendo situaciones que, de otra manera, generarían desconfianza e incredulidad.

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