En los años 90, el internet por fin estuvo disponible para el libre uso de las personas; fue un suceso tan maravilloso que está considerado entre los más trascendentales del siglo, dando inicio a la revolución de la información. Actualmente, es tanta la dependencia que tenemos de internet que, si se corta por tan solo unos minutos, son millones de dólares los que dejan de producirse. El internet cambió la vida de las personas, facilitó la forma de hacer las cosas, tanto en las empresas como en la sociedad, logró que se interconecten empresas y clientes, hizo posible la apertura de una serie de negocios que con el tiempo han logrado superar a las empresas físicas. Tal es el caso de Facebook que, con unos años más de vida, poseerá la base de datos de casi todas las personas del mundo con acceso a internet.
Sin embargo las tecnologías no han parado de evolucionar, a tal extremo que el internet es la base para que otras tecnologías espectaculares se monten sobre ella y resulten inclusive más disruptivas que ella misma. El siguiente gran suceso espectacular es el internet de las cosas o IdC, conocido en inglés como IoT (Internet Of Things), el cual hace referencia a la posibilidad de interconectar todo, al extremo. Un mundo donde los aparatos electrónicos, a través de sensores, interactúan con los seres vivos, accediendo y reportando a fuentes de datos comunes y permitiendo tomar decisiones producto de la retroalimentación máquina-máquina.
Lo cierto es que el IdC ya inició su carrera: sensores inteligentes que están abarcando todos los ámbitos tales como el energético, los procesos industriales, el transporte, los negocios, la medicina, el clima, la energía, la sociedad, ya están sintiendo remezones de una tecnología que aún está en pañales, y están rediseñando sus servicios con una clara finalidad, aparte del económico, la cual es crear ciudades más inteligentes, energía más inteligente, salud más inteligente, transporte más inteligente, una vida más inteligente, en síntesis: mejor calidad de vida para las personas. Para que el IdC tenga el impacto esperado, se requiere la combinación de varias tecnologías, el cloud computing, la nano-electrónica, los sistemas integrados, así como de una súper estructura de comunicación y mucha inteligencia. La inteligencia será un factor clave en la elaboración de la arquitectura del IdC, en este sentido, es conveniente entender que las tecnologías semánticas jugarán un rol preponderante, pues permitirá la interacción e intercambio de información en tiempo real con sistemas diferentes, tal es así que se contemplarán servicios semánticos tales como los motores de reglas y similares.
Cuando el IdC sea masivo, las ciudades serán ciudades del futuro, repletas de sensores, puertas que se abren solas al reconocer a un usuario, sin importar que antes no hayan estado allí, cañerías que se reparar solas, anuncios publicitarios que cambian sus contenidos dependiendo de quién es el usuario que pasa por allí, habitaciones que actualizan su temperatura de acuerdo a la información obtenida del cliente, jardines programados para regarse al detectar que ya las plantas necesitan alimentos, máquinas detectando y controlando tensiones de luz, máquinas apagando otras máquinas que consumen energía innecesariamente, en fin, en esta etapa hay que dejar volar la imaginación, dado que las posibilidades son infinitas.
Para ir entendiendo cómo es que el IdC funcionará, se requerirá que las máquinas posean sensores inteligentes conectados a internet mediante redes inalámbricas o fijas, las cuales estarán en todo momento analizando, diagnosticando y tomando decisiones cada vez más acertadas e inteligentes, para ello será un requisito indispensable la ubicuidad en la señal de internet. Debido a que cada objeto tendrá capacidad de generar información, se requerirán grandes repositorios de datos, y es que al ritmo que se avanza, se necesitará cada vez más repositorios para los datos que crecen incontrolablemente.
En el futuro se requerirán grandes contenedores de datos, velocidades mayores, mayor acceso a internet y la gran pregunta por responder es: ¿Cómo se logra dotar de inteligencia a los objetos? Sin objetos inteligentes no habrá ciudad inteligente. El camino para lograr esto ya se ha iniciado, en una primera etapa la preocupación fue darle una identidad a cada objeto, lo cual se logró mediante los códigos RFID, en la segunda etapa se pudo obtener la localización de los objetos mediante la implementación del sistema GPS, en la tercera etapa se dota de un estado a los objetos, al mismo tiempo de la capacidad de determinar sus atributos en un momento determinado, para la cuarta etapa se intenta darle un contexto al objeto, con el cual éste puede ser consciente del entorno en el que se encuentra y tomar decisiones.
Un claro ejemplo de que el IdC ya inició su carrera desenfrenada es la domótica, la cual hace posible que las familias puedan efectuar acciones de manera remota sobre ciertos dispositivos electrónicos, tales como encender la calefacción, abrir las puertas de manera remota a fin de que alguien pueda ingresar, apagar las luces, cerrar las cortinas, etc. Entre los objetos que ya pertenecen al IdC están los llamados wearables u objetos que forman parte de nuestro vestir, tal es el caso de los relojes con GPS, acelerómetro, pulsómetro, que a la vez envían y reciben mensajes electrónicos. Otro de los dispositivos son los conocidos lentes de Google.
Pero cuidado, existen ciertos aspectos que debemos considerar con el IdC, tales como en preocuparnos de no caer en la inmediatez ni en el automatismo, o descuidar la seguridad y la privacidad de la información. Se debe ser consciente también que, en un mundo interconectado a tiempo completo, habrá un consumo de energía mucho mayor, lo cual supone pagar facturas mucho más elevadas, entonces, esto saca a relucir que si bien es cierto que en algún momento se puede tener todo interconectado, de repente no es lo conveniente o, en todo caso, los nuevos dispositivos deben consumir muy poca energía, lo cual parece poco probable. La otra alternativa es que se descubran nuevas formas de aprovechar la energía. El otro obstáculo a superar es el de los sensores, los cuales provienen de diferentes proveedores y a precios altos para ser asumidos por quienes no son empresarios y quieren dotar de IdC su hogar. Mientras no se comercialice a precios accesibles, la masificación del IdC tendrá un peldaño a superar en el precio.
Surgirá también la batalla de los sistemas operativos, quienes, empujados por las grandes compañías, buscarán ser los protagonistas de esta revolución, teniendo en cuenta que el sistema operativo debe tener la capacidad de controlar todo tipo de dispositivos, lo cual no ocurre hoy: los pocos y limitados sistemas operativos que existen actualmente, no manejan la amplia gama de sensores que se están desarrollando, ergo, no están preparados para el IdC; Con base en lo dicho, se espera que surja un nuevo sistema operativo con tales capacidades.
Otro de los miedos latentes es el referente al derecho a la intimidad y privacidad, actualmente ya existe tecnología para detectar mediante el reconocimiento facial a una persona y, por consiguiente, relacionarlo a su perfil vinculado a alguna red social; imagine cómo será si el IdC es usado con fines criminales, se obtendría toda la información almacenada a partir de sus dispositivos electrónicos, lo cual constituiría una violación total a su intimidad. Pero imagine además que el invasor pudiera tener acceso a manipular los objetos de su casa de manera remota, por ejemplo manipular las puertas de su casa para dejar entrar desconocidos, o subir la temperatura del aire acondicionado al extremo que podría causar daño a menores de edad que pudieran estar en la casa, o igual de grave, cerrar un portón antes que el carro termine de ingresar, causando daños graves. La intención no es ser pesimista, sino dar a entender que la tecnología disruptiva que tenemos entre manos tiene que manejarse de manera seria y responsable, cosa que el resultado sea el progreso de todos, anulando los riesgos. Debido a que todos los datos viajarán por internet, el gran problema de seguridad se encuentra en la transmisión de los datos, por lo cual se debe encontrar el mecanismo adecuado de cifrado de información.
Según los pronósticos, el año 2020 es el año en el cual el IdC será una realidad masiva, donde cada persona mantendrá en promedio seis dispositivos inteligentes, con los consiguientes 1000 o 2000 mensajes por día por persona, donde el principal aporte del IdC será el conocimiento obtenido para el progreso de la humanidad, el cual será posible debido a la ingente cantidad de datos e interrelaciones que de éstos se generen. Para el año 2025 se considera posible inyectar internet en los objetos del día a día, tales como una lata de conservas, en un juego de muebles, en los zapatos, en los cuadernos de colegio, en una hoja de papel; todo estará en función a la demanda que se vaya generando en el momento.
Adicionalmente, el IdC tiene el firme compromiso de ser socialmente responsable, en ese sentido, todo lo que se diseña y fabrica se realiza de manera eficiente, de modo que tenga mínimo o nulo impacto sobre el ambiente natural, por lo cual está vinculado con la informática verde o ecología de las cosas, pues, entre otras luchas, siempre está buscando la reducción del anhídrido carbónico, buscando entonces construir ciudades inteligentes pero verdes.
Para que el IdC sea una realidad, se requiere una gran transformación en el mundo: empezar a insertar sensores inteligentes en las máquinas electrónicas y hacer interconexión entre ellas y las personas, lo cual las llevará al siguiente nivel, máquinas inteligentes capaces de tomar decisiones. Las primeras demostraciones indican que existe el conocimiento para emprender esta aventura, sólo es cuestión de tiempo, porque ya se inició la era del internet de las cosas. Debido a que se vive la etapa incipiente de esta nueva revolución, caben las preguntas: ¿Cuántos años pasarán para que todos los aparatos electrónicos funcionen bajo esta nueva forma de hacer las cosas? ¿Estará el mundo preparado para esta nueva revolución? o más importante aún ¿Es lo correcto? Sólo el tiempo lo dirá.
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