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viernes, 5 de agosto de 2016

Margaret Thatcher

Margaret Thatcher, quien luego fuera catalogada como la dama de hierro, desde niña gozó del privilegio de poseer una formación de primer nivel, inalcanzable para la realidad de su bajo estatus social. Sin embargo lo consiguió gracias a su padre, quien a base de ingenio conseguía estas oportunidades.
El padre, quien todo el tiempo se erigió como su inspiración política plasmó en ella sus anhelos y ambiciones socio políticas, le inspiró un carácter estricto y, fruto de sus continuas visitas al foro de gobernadores, consiguió que Margaret, adquiriera una capacidad de elocución magistral, forzándola inicialmente a participar en debates, obligada a preguntar siempre, con la consigna de imponerse a los demás y pulir el talento que ya empezaba a destacar en ella con la fuerza que no lograba en otras artes.

Margaret Thatcher había desarrollado, junto a la firme convicción de mantener a capa y espada lo que sostenía, una fuerte personalidad, la misma que le permitía salir victoriosa de los debates en los que alegremente se enfrascaba, fruto de la seguridad de poseer las suficientes armas para humillar a sus contrincantes.

Más adelante, para ganar las elecciones al parlamento, Margaret echó mano a la estrategia de ganarse a los ciudadanos mediante la conversación directa gracias a la personalidad encantadora que destilaba, cuando quería, logrando que los ciudadanos se convenzan que ella era la más indicada para ocupar un escaño, producto de sus propuestas y del conocimiento que demostraba de los problemas sociales que aquejaban y requerían de soluciones urgentes. 

Una vez que Margaret acarició el poder en el parlamento, no se durmió en sus laureles, por el contrario, empezó de manera obsesiva a reforzar su conocimiento respecto a las legislaciones fiscales. Este desafío le valió años investigando acerca de las leyes junto a los vacíos que existían y podían mejorarse. Gracias a su empeño, tal fue la destreza adquirida, que en los discursos apabullaba sin misericordia a quien se le ponía enfrente gracias al manejo del discurso adornado de cifras, datos históricos y contrastes que efectuaba contra otras realidades; en suma, exposiciones muy bien documentadas. 

Para hacer sentir la preocupación de frenar el derroche de dinero, de manera audaz e inteligente, se apoyaba de frases enérgicas que sonaban hondo en los ciudadanos, tales como:
Estamos tras los cientos y miles, pero tendemos a dejar pasar los millones.

Para esta etapa de su carrera que ya fu ministra, ya Margaret era una política mucho más madura, en el parlamento aprendió a emitir sus opiniones con mucho cuidado, y aquí intentaba mantener esa línea, teniendo en cuenta de no caer en la rebeldía que le caracterizó sus primeros años. Asimismo, la primera ministra era una mujer que poseía los galones de la experiencia obtenida en su paso por diferentes ministerios, lo que la convirtió en una estratega, con lo cual, cada paso dado debía ser planificado. Aprendió a ser flexible con sus decisiones, a saber escuchar, y se alió de las personas adecuadas, bajo las cuales descansaban sus decisiones.

Finalmente, Margaret Thatcher perdió su poder porque no brindó una solución ágil y temprana a la serie de problemas que estaban aquejando a su país, tales como las agitaciones sociales, el alto incremento del desempleo, las políticas inflexibles y su implacable determinación por mantener posiciones tozudas y empecinadas que muchas veces le jugaron en contra de su imagen e intereses. Por otro lado, acentuó las diferencias entre ricos y pobres, puso férrea oposición a la integración europea, su enfrentamiento contra sus partidarios fueron fuertes detonantes para debilitar la ya alicaída posición de la dama de hierro.

Finalmente, cayó a causa de su propio partido, no debido al pueblo, pues se consideró que ella ocasionaba el fracaso del partido conservador. Fue removida del cargo de primer ministro y se le quitó el mando del partido conservador.

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